El tema de las manchas en superficies de mármol encabeza las preguntas que recibimos con más frecuencia en el lado del suministro. El arquitecto, el interiorista o el usuario final suele tener la misma preocupación tras los primeros meses de convivir con la piedra natural. Una gota de café caída sobre la encimera, una marca de aceite que queda en la isla o una copa de vino derramada sobre la mesa del comedor deja una inquietud en la memoria. Esa inquietud no nace, la mayoría de las veces, de la calidad de la piedra, sino de no haber comprendido suficientemente la estructura porosa y la rutina correcta de protección. A lo largo de tres generaciones de experiencia en suministro, al canalizar hacia distintos proyectos las placas de Mármol Clásico, Blanco Puro, Panda, Pijama Ecuador, Dolomita y Homogéneo procedentes de las canteras de Saraylar (Isla de Marmara), hemos acumulado una práctica sobre prevención de manchas que intentaremos compartir en este artículo.
Para comprender la mancha hay que comprender primero la estructura porosa de la piedra. Aunque el mármol parece a escala micro un bloque continuo, su superficie alberga pequeñas redes de poros. Estos poros no se perciben a simple vista, pero bajo un microscopio de gran aumento recuerdan al carácter de una esponja. Cuando una gota de líquido cae sobre la superficie, la piedra no la retiene en la superficie sino dentro de esta red porosa. Los líquidos neutros como el agua suelen evaporarse y abandonar la superficie sin dejar rastro. Los líquidos coloreados y pigmentados, café, vino, zumo de fruta, té, salsas oscuras, una vez asentados dentro del poro, dejan allí sus moléculas pigmentarias y generan una sombra amarillenta marrón o rojiza en la superficie. Los líquidos de origen graso, en cambio, no transportan pigmento sino moléculas de grasa, dejan en el poro una mancha mate oscurecida y muestran un carácter distinto al de las manchas coloreadas clásicas. Esa diferencia exige también que el método de intervención sea distinto.
La base de la estrategia de protección consiste en ralentizar o impedir el acceso del líquido a esa red porosa de la piedra. Es aquí donde entra en escena el impregnante. El impregnante, conocido también con su nombre habitual de impregnator, es un líquido protector que penetra en los poros de la piedra sin dejar una película visible en la superficie. No altera el brillo, no interviene en la textura, simplemente se adhiere a las paredes de los poros y crea una barrera que impide la infiltración de líquidos. Un impregnante bien escogido conserva el carácter natural de respiración de la piedra y permite el paso del vapor de agua, pero no da oportunidad a que líquidos coloreados o grasos se asienten en la piedra. Esta propiedad es la base técnica que permite al mármol mantener durante décadas el rendimiento de su primera semana.




